
La contaminación por microplásticos se ha convertido en una preocupación creciente para la agricultura a nivel mundial. Aunque su presencia en océanos y ecosistemas urbanos ha sido ampliamente documentada, aún existe escasa información sobre cómo estos residuos afectan los suelos agrícolas. Con el objetivo de generar evidencia local, una investigación de la Universidad de Concepción evaluará la presencia, distribución y acumulación de microplásticos en predios agrícolas y canales de riego de la Región de Ñuble.
El estudio será liderado por Camila Espinoza Mendoza, estudiante de quinto año de Agronomía, quien obtuvo financiamiento a través del Concurso VRID Semilla 2026 de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Concepción.
Evaluarán suelos agrícolas y canales de riego
El proyecto, denominado «Distribución y acumulación de microplásticos en suelos agrícolas de la Región de Ñuble bajo distintos sistemas de uso del suelo y canal de riego asociado a la agricultura», se desarrollará durante seis meses y buscará identificar cómo estos contaminantes se distribuyen en distintos sistemas productivos de la región.
Además de los suelos agrícolas, la investigación incorporará el análisis de canales de riego, considerando que el agua puede actuar como una vía de transporte de partículas plásticas provenientes de actividades agrícolas, residuos urbanos y otras fuentes presentes en el territorio.
La información obtenida permitirá caracterizar la presencia de microplásticos en la región y comparar su acumulación entre distintos tipos de manejo agrícola.
Un contaminante emergente para la agricultura
El proyecto contará con el patrocinio del académico Winfred Espejo Contreras, quien destacó la relevancia de generar evidencia científica sobre un problema ambiental que ha adquirido creciente importancia para la producción agrícola.
«Este proyecto representa una valiosa oportunidad para que una estudiante lidere investigación, abordando una problemática de creciente preocupación en el área agrícola«, señaló el investigador.
Asimismo, indicó que conocer la distribución de los microplásticos en los suelos de Ñuble permitirá generar información que contribuya al desarrollo de una agricultura más sostenible y a la protección de la salud de los suelos productivos.
Un desafío para la sostenibilidad de los suelos
Actualmente, los plásticos forman parte de numerosas labores agrícolas. Se utilizan en sistemas de riego, cubiertas de invernaderos, películas para acolchado, envases, mallas, bandejas y diversos implementos destinados a mejorar la eficiencia productiva.
Sin embargo, cuando estos materiales no son gestionados adecuadamente pueden fragmentarse con el tiempo y transformarse en microplásticos capaces de permanecer durante largos períodos en el suelo.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la acumulación de residuos plásticos representa un desafío creciente para la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios, ya que puede afectar la calidad de los suelos y alterar los ecosistemas agrícolas.
Una revisión científica publicada por el organismo en 2025 advierte que la presencia de microplásticos puede modificar propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, afectando aspectos como la estructura, la retención de agua, los ciclos de nutrientes y las comunidades microbianas. Estos cambios podrían repercutir en la salud de los cultivos, el rendimiento y la calidad de la producción.
Generar evidencia para una agricultura más sostenible
Durante la primera etapa, el equipo revisará y adaptará la metodología para identificar y cuantificar microplásticos en muestras de suelo y agua, además de planificar el muestreo en los distintos sitios de estudio.
Para Camila Espinoza, liderar la investigación representa una oportunidad para aportar información sobre una problemática que aún ha sido poco estudiada en la agricultura regional.
Los resultados permitirán identificar posibles zonas con mayor acumulación de microplásticos, conocer las principales rutas de ingreso de estos contaminantes y generar antecedentes que puedan servir de base para futuras investigaciones, programas de monitoreo y estrategias orientadas al manejo responsable de los plásticos utilizados en la actividad agrícola.
En una región donde la producción agrícola y frutícola constituye uno de los principales motores económicos, contar con información sobre la calidad de los suelos y del agua de riego resulta clave para avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles y resilientes.