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Jorge Mohr en Fruittrade 2026: “Hay que producir las avellanas que el mercado quiere”

 

 

 

En la segunda jornada de Fruittrade 2026, el director de Nefuen y Grupo Hijuelas analizó el crecimiento de la producción chilena, la evolución de los precios internacionales y las oportunidades para fortalecer la competitividad del sector. Su mensaje fue claro: mantener la calidad, mejorar la eficiencia y proyectar el negocio con precios realistas serán claves para sostener el desarrollo de la industria.

Chile está entrando en una nueva etapa de desarrollo de la industria del avellano europeo. El aumento de las plantaciones, las ventajas productivas del país y la incorporación de nuevas tecnologías están impulsando su crecimiento, pero también plantean desafíos comerciales y productivos que serán determinantes para la rentabilidad del sector.

Así lo planteó Jorge Mohr, director de Nefuen y Grupo Hijuelas, durante su exposición en el Salón de Frutos Secos de la segunda jornada de Fruittrade 2026, realizada en los jardines de El Mercurio. En su presentación, abordó las perspectivas de producción, el comportamiento de los precios, las exigencias de los compradores internacionales y la importancia de orientar el desarrollo de los huertos hacia las necesidades reales del mercado.

Chile gana protagonismo en el mapa mundial del avellano

Uno de los principales puntos de la exposición fue el cambio que está experimentando la producción mundial de avellanas. Mientras Turquía continúa siendo el principal productor, Chile y Estados Unidos han ganado terreno gracias al desarrollo de plantaciones modernas y a una mayor eficiencia productiva.

Información entregada en la presentación de Jorge Mohr en la Fruittrade 2026

Según las cifras presentadas por Mohr, Turquía concentra aproximadamente el 80% de la producción mundial, mientras que Estados Unidos y Chile representan cerca del 10% cada uno. Estas participaciones reflejan el avance de ambos países en una industria históricamente dominada por las zonas productoras tradicionales.

El cambio resulta significativo si se considera que, hace dos décadas, Chile tenía una presencia mucho menor en el escenario internacional. Hoy, el ritmo de nuevas plantaciones y la incorporación de genética están modificando las perspectivas de crecimiento del país.

De acuerdo con Mohr, Chile contaba con aproximadamente 66.000 hectáreas de avellanos catastradas a 2025. A esto se suman más de 7.000 hectáreas plantadas durante el último invierno y nuevas superficies proyectadas para las próximas temporadas.

De mantenerse esta tendencia, el país podría acercarse a las 80.000 hectáreas hacia 2027 y alcanzar las 100.000 hectáreas en un horizonte de cuatro a cinco años. En materia productiva, el expositor proyectó que Chile podría superar las 300.000 toneladas antes de 2040, lo que representaría un crecimiento significativo respecto de los volúmenes actuales.

Información entregada en la presentación de Jorge Mohr en la Fruittrade 2026

Este escenario permitiría consolidar a Chile como el segundo productor mundial de avellanas y como un actor cada vez más relevante para el abastecimiento de la industria internacional.

Sin embargo, el crecimiento de la superficie no es suficiente por sí solo. Para Mohr, la ventaja competitiva chilena radica en la combinación de huertos modernos, buenas condiciones agroclimáticas, disponibilidad de riego y una cultura frutícola que permite manejar los cultivos con mayor eficiencia.

“Chile es el país junto con Estados Unidos que tiene el costo por kilo producido más bajo”, señaló, destacando que esta condición puede ser decisiva para competir con zonas tradicionales donde los rendimientos por hectárea son menores.

A ello se suma una ventaja sanitaria que, a su juicio, debe protegerse mediante buenas prácticas agrícolas y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia fitosanitaria.

Precios a la baja: la importancia de proyectar con realismo

El crecimiento de la oferta chilena coincide con un escenario internacional que exige cautela. Durante su presentación, Mohr advirtió que los precios de la avellana han comenzado a retroceder después de las alzas coyunturales asociadas a problemas de producción en países tradicionales.

Como referencia, explicó que los valores del grano habían rondado los US$15 por kilo, mientras que algunas transacciones recientes se acercaban a los US$9 por kilo.

El comportamiento responde, en parte, a las variaciones de la oferta mundial. En la temporada analizada, las heladas y otros factores climáticos provocaron caídas importantes en la producción de países tradicionales, entre ellos Turquía e Italia. Mientras tanto, Chile y Estados Unidos han continuado aumentando su capacidad productiva.

Para Mohr, este escenario obliga a revisar las expectativas económicas de los nuevos proyectos y evitar que las decisiones de inversión se sustenten en precios excepcionales.

“Seamos realistas con los precios que vienen por el futuro y no nos generemos falsas expectativas de retorno”, advirtió.

El expositor planteó que, con precios de equilibrio cercanos a los US$8–9 por kilo de grano, retornos de aproximadamente US$3 a US$3,5 por kilo podrían ser factibles para el productor, dependiendo de sus costos y condiciones particulares. Estas cifras son referencias para evaluar escenarios y no una garantía de rentabilidad.

La estabilidad de los precios también será relevante para ampliar el consumo de avellanas como snack. Mohr explicó que los valores elevados pueden incentivar la sustitución por otros frutos secos, especialmente la almendra, y dificultar el desarrollo de programas comerciales en supermercados.

Según relató, su empresa había avanzado en iniciativas con supermercados europeos para impulsar el consumo de avellanas frescas. Sin embargo, el aumento de los precios afectó considerablemente la demanda y redujo las posibilidades de sostener esos programas.

En este sentido, diferenció dos grandes destinos para la producción: el uso industrial, que concentra la mayor parte de la demanda, y el mercado de consumo directo, que podría ofrecer oportunidades adicionales si se alcanzan precios competitivos y estables.

Calidad, trazabilidad y frescura: las ventajas que Chile debe proteger

Más allá de las proyecciones productivas, Mohr puso especial énfasis en las características que distinguen a la avellana chilena y en las exigencias que deben cumplir los productores para acceder a los mercados internacionales.

A su juicio, Chile cuenta con ventajas en trazabilidad, sustentabilidad, condiciones sanitarias y frescura de la fruta. Esta última adquiere especial relevancia en un producto cuyo contenido de aceite influye en su estabilidad durante el almacenamiento.

El expositor sostuvo que los sistemas de identificación del origen, seguimiento de los lotes y control de los procesos, habituales en la fruticultura chilena, no están igualmente desarrollados en todos los países productores. Por ello, representan una oportunidad para fortalecer la confianza de los compradores y diferenciar la oferta nacional.

También destacó que los estándares de calidad no responden a exigencias arbitrarias de una empresa, sino a parámetros técnicos y comerciales establecidos internacionalmente.

Entre los factores que determinan la calidad mencionó la trazabilidad y las certificaciones, el sabor y la frescura, el perfil químico y nutricional, la ausencia de defectos, el rendimiento de pepa y el calibre del fruto.

En este contexto, insistió en que la selección varietal debe considerar no solo el comportamiento agronómico del huerto, sino también las características que demanda la industria.

“No es producir cualquier avellana, de cualquier tamaño; hay que producir las avellanas que el mercado quiere”, enfatizó.

La advertencia cobra relevancia ante el desarrollo de nuevas plantaciones y la incorporación de genética. Mohr explicó que una misma variedad puede presentar diferencias de calibre y comportamiento según la zona productiva y sus condiciones de manejo. Por ello, los nuevos materiales deben evaluarse tanto en campo como en procesos industriales.

La validación por parte de los compradores puede tomar varios años, ya que las empresas que utilizan avellanas como ingrediente necesitan comprobar que la materia prima mantiene las características requeridas para sus productos finales.

En consecuencia, las decisiones genéticas y productivas deben alinearse con las necesidades de los mercados de destino y no limitarse a maximizar el rendimiento o el tamaño del fruto.

Una industria principalmente orientada al procesamiento

Otro aspecto central de la exposición fue el destino de la producción mundial. Mohr señaló que la avellana es, principalmente, un ingrediente para la industria alimentaria: gran parte de la fruta termina en chocolates, galletas, productos de repostería y otras preparaciones.

De acuerdo con las estimaciones compartidas durante la presentación, más del 90% de las avellanas se comercializa para su consumo sin cáscara, mientras que el uso industrial representa la mayor parte de la demanda. Por ello, las características del grano y su adaptación a los procesos de transformación son determinantes para la comercialización.

En cuanto al consumo geográfico, Europa continúa siendo el principal mercado, con una participación cercana al 75% del consumo mundial según las cifras expuestas. Esta concentración representa una oportunidad para Chile, pero también plantea la necesidad de diversificar destinos y ampliar las posibilidades comerciales.

Mohr destacó que, aunque las exportaciones chilenas continúan concentradas en Europa y en los grandes compradores industriales, comienzan a aparecer nuevos mercados. Para el expositor, esta diversificación puede contribuir a dar mayor solidez al negocio y reducir la dependencia de un número limitado de compradores.

También llamó la atención sobre los formatos de exportación. El procesamiento local y el crecimiento de las ventas de avellanas sin cáscara pueden agregar valor y evitar el traslado de una parte importante de material que no forma parte del producto comercial final.

En esa línea, destacó el desarrollo industrial de Grupo Hijuelas, que inauguró en 2026 una planta de procesamiento después de ocho años de trabajo. La instalación incorpora una línea de selección de granos, presentada durante la exposición como la primera de su tipo en Chile, con el objetivo de mejorar la calidad del producto embalado y responder a las exigencias de grandes compradores internacionales.

La trayectoria del grupo también ha estado vinculada al desarrollo de plantas mediante cultivo in vitro y a la incorporación de genética proveniente de Estados Unidos. Desde 2019, además, mantiene operaciones de vivero en Europa para abastecer plantaciones en ese mercado.

Precios de equilibrio para desarrollar nuevos mercados

Además de fortalecer el negocio industrial, Mohr identificó una oportunidad para desarrollar el consumo de avellanas como snack, tanto en mercados de consumo tradicional como en nuevos destinos y continentes.

La frescura de la fruta chilena y su disponibilidad en contraestación representan ventajas que podrían aprovecharse para ampliar la demanda. Sin embargo, advirtió que este desarrollo depende de alcanzar precios que permitan competir con otros frutos secos y sostener el consumo en el tiempo.

Cuando el precio de la avellana aumenta excesivamente, explicó, los consumidores pueden optar por alternativas como la almendra, mientras que los supermercados enfrentan dificultades para mantener una rotación adecuada del producto.

Por ello, insistió en la necesidad de establecer precios de equilibrio que permitan sostener el negocio a lo largo de toda la cadena: desde el productor y la industria procesadora hasta el consumidor final.

La estabilidad comercial, en este sentido, no solo beneficia a los productores, sino que también permite a la industria planificar sus compras, desarrollar productos y abrir nuevos espacios de consumo.

Buenas prácticas y eficiencia para sostener la competitividad

Al cerrar su exposición, Mohr sintetizó los principales desafíos de la industria en una serie de prioridades: trabajar por la calidad, fortalecer la trazabilidad y la sustentabilidad, y mejorar la eficiencia productiva y de procesamiento.

Entre las medidas prácticas, llamó a invertir en cosecha mecanizada, mejorar los sistemas de secado y limpieza, y contar con infraestructura que permita asegurar la calidad de la fruta desde el campo.

También destacó la importancia de avanzar en certificaciones y buenas prácticas agrícolas, exigencias cada vez más habituales entre los compradores internacionales. Estos elementos contribuyen a transparentar los procesos, respaldar la calidad del producto y diferenciar la producción chilena frente a la de otros países.

Para Mohr, mantener estas condiciones será fundamental a medida que aumenten las hectáreas plantadas y los volúmenes disponibles. La expansión productiva debe ir acompañada de una oferta consistente, capaz de responder a las especificaciones técnicas y comerciales de los mercados.

Información entregada en la presentación de Jorge Mohr en la Fruittrade 2026

Chile cuenta con condiciones para continuar creciendo: costos productivos competitivos, ventajas sanitarias, huertos modernos y una industria que avanza en genética y procesamiento. El desafío será transformar esas fortalezas en competitividad sostenible, sin perder de vista que el éxito del negocio depende tanto de cuánto se produce como de la calidad, el formato y el precio al que esa fruta puede venderse.

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