
Tras una primavera marcada por tormentas, granizadas y récords de precipitaciones en Santiago, especialistas analizan cómo evolucionará El Niño durante los próximos meses. Aunque el fenómeno podría alcanzar una intensidad histórica, sus efectos variarán según la zona del país y la estación del año.
Las lluvias intensas, las tormentas eléctricas y las granizadas han marcado la primavera en Chile, con episodios meteorológicos inusuales y un octubre histórico en Santiago. En este contexto, los pronósticos apuntan a que El Niño continuará activo durante el verano, posiblemente con una intensidad sin precedentes en el registro moderno.
De acuerdo con un análisis publicado por La Tercera, los especialistas advierten que el fenómeno alcanzaría su punto máximo entre noviembre de 2026 y enero de 2027, con efectos que irán más allá de las precipitaciones: temperaturas extremas, estrés térmico y un mayor riesgo de incendios forestales.
Octubre histórico y una primavera marcada por eventos extremos
El oceanógrafo Juan F. González, investigador del Centro de Investigación Interdisciplinaria en Riesgo, Resiliencia y Recuperación ante Desastres (CIGIDEN R+) y académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), destacó la magnitud de las precipitaciones registradas en Santiago.
Al 13 de octubre, la estación Quinta Normal acumulaba 108 milímetros de agua caída, superando el récord anterior para ese período, de 102 milímetros en 1930. Se trata de un registro sin precedentes desde el inicio de las mediciones en 1857.
Los especialistas explican que estos episodios no responden exclusivamente a El Niño. Si bien el fenómeno modifica las condiciones del océano y la atmósfera, también intervienen otros factores, como la configuración de las ondas atmosféricas y el calentamiento global, que está alterando los patrones climáticos.
Roberto Rondanelli, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile, sostiene que las tormentas forman parte de una dinámica de gran escala que abarca el océano Pacífico y no constituye un fenómeno aislado de Chile.
Aguas cálidas frente a las costas chilenas
Las anomalías de temperatura registradas en el Pacífico ecuatorial constituyen una de las señales más relevantes del actual episodio de El Niño. Según los antecedentes citados por González, el informe de la NOAA del 8 de octubre reportó anomalías de hasta +4 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental y de +3,9 °C en la región Niño 3.4.
Estas aguas cálidas pueden influir en las condiciones atmosféricas y térmicas del territorio nacional. Catalina Medina, meteoróloga de la Oficina de Servicios Climáticos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), explica que las anomalías de temperatura superficial del mar están directamente relacionadas con el desarrollo de El Niño y repercuten en el régimen térmico continental.
En el norte del país, el calentamiento del océano podría favorecer condiciones propicias para episodios de precipitaciones intensas si coincide con la llegada de núcleos fríos en altura. González advierte que esta combinación podría generar respuestas meteorológicas de gran intensidad, como ocurrió durante el temporal de Atacama de marzo de 2015.
¿Qué se espera para noviembre, diciembre y enero?
Los pronósticos internacionales sitúan el período de mayor intensidad de El Niño entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Según las proyecciones de la NOAA citadas en el reportaje, existe una probabilidad superior al 83% de que el fenómeno se mantenga en categoría fuerte durante el trimestre enero-marzo de 2027.
La meteoróloga Catalina Medina señala que los registros actuales muestran un evento de magnitud histórica, con anomalías que superarían las observadas en episodios anteriores de gran intensidad.
Sin embargo, el impacto sobre las precipitaciones no será uniforme. En la zona central, la influencia de El Niño durante el verano no necesariamente se traducirá en más lluvias, sino principalmente en temperaturas máximas y mínimas por sobre los promedios históricos.
El escenario previsto contempla:
- Zona centro-sur: un inicio de verano con mayores probabilidades de precipitaciones entre Ñuble y Los Lagos, seguido de temperaturas elevadas y un mayor riesgo de incendios.
- Zona norte y central: más posibilidades de olas de calor, máximas extremas y temperaturas mínimas superiores a lo habitual.
- Actividad agrícola: mayor exposición al estrés térmico y a condiciones que pueden afectar el desarrollo de los cultivos y la disponibilidad de agua.
Ante estas proyecciones, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) ha advertido sobre condiciones de peligro de incendios, especialmente durante enero y febrero.
¿Hasta cuándo podría durar El Niño?
Aunque se espera que El Niño continúe durante el verano, todavía existe incertidumbre sobre su evolución durante el invierno de 2027.
Rondanelli explica que, históricamente, después de episodios intensos el sistema climático puede transitar hacia La Niña, fase caracterizada por un enfriamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial. De concretarse este cambio, podrían configurarse condiciones más secas para la zona central.
Por su parte, Patricio González, investigador del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, plantea que el análisis de los eventos registrados desde 1950 permite considerar como probable que el actual Súper Niño concluya durante el otoño o a comienzos del invierno de 2027.
No obstante, los especialistas advierten que los pronósticos a largo plazo presentan limitaciones. González sostiene que entre marzo y mayo se podrá contar con una visión más clara de las condiciones para el próximo invierno, ya que los modelos actuales tienen menor capacidad predictiva durante el otoño austral.
Un escenario de incertidumbre para el sector agrícola
Más allá de la duración del fenómeno, el desafío será anticiparse a sus distintos efectos. Las lluvias intensas pueden generar dificultades en zonas productivas, mientras que las altas temperaturas y el estrés térmico podrían afectar los cultivos durante el verano.
A esto se suma el riesgo de incendios forestales, especialmente en períodos de calor y baja humedad. En este contexto, el monitoreo de los pronósticos y la planificación preventiva serán fundamentales para reducir los impactos sobre la población y la actividad agrícola.
El Súper Niño podría marcar una temporada excepcional para Chile, pero sus consecuencias dependerán de cómo interactúen las condiciones oceánicas, atmosféricas y locales en los próximos meses.
Fuente: La Tercera