Lunes 6 de Julio de 2026
  • Dólar: $921,74
Obteniendo tu ubicación y clima...

Compartir en redes sociales

Almendro bajo presión por la falta de lluvias: La clave estará en llegar con el suelo cargado al inicio de floración

Con pronósticos que anticipan escasas precipitaciones para las próximas semanas, asesores, regantes y meteorólogos advierten un escenario complejo para el almendro. La falta de lluvias en julio amenaza con dejar suelos secos al inicio de floración, tensiona la disponibilidad de agua para riego y obliga a extremar la gestión del recurso en una temporada que ya se perfila desafiante para la zona central.

La expectativa de un invierno más lluvioso, impulsada por la instalación del fenómeno de El Niño, había abierto una cuota de optimismo en parte importante de la agricultura. Sin embargo, al cierre de junio y en el arranque de julio, esa promesa todavía no se traduce en precipitaciones relevantes. Por el contrario, el balance hídrico sigue siendo deficitario y en varias zonas los acumulados del año continúan muy por debajo de lo normal.

Para el almendro, el problema no es solo cuánto llueva, sino también cuándo lo haga. Y ahí es donde hoy se concentra la principal preocupación: si julio no logra recargar los perfiles a tiempo, muchos huertos podrían entrar a floración con los suelos secos, obligando a depender del riego en una de las etapas más sensibles del cultivo y en un contexto donde el agua disponible ya asoma como una de las principales restricciones de la temporada.

“Tenemos la última oportunidad de este mes”: la advertencia desde el huerto

Esa preocupación toma forma concreta en el diagnóstico que hace Rodrigo Rivadeneira, asesor de almendros de Trinuts, quien pone el foco en la necesidad de llegar a floración con el perfil de suelo lo más cercano posible a capacidad de campo. En una visita a un huerto de almendros plantado en 2017, el especialista advirtió que, en un invierno seco como el actual, no basta con esperar las lluvias: también es clave aprovechar a tiempo el recurso hídrico disponible y evitar errores operativos que terminen dejando al cultivo sin respaldo en un momento crítico.

Rodrigo Rivadeneira

“Estamos en un huerto de almendro del 2017, que ya es adulto, donde se ha podido intervenir este otoño-invierno con dos riegos. El último fue hace 14 días. Hoy estamos revisando lo mismo. Es importante destacar que la mayoría de los campos no han podido regar, ya sea por un error operativo o por problemas logísticos, donde los canalistas tienen el agua cortada y finalmente esa agua se va por los ríos al océano”, plantea.

El asesor explica que en el caso del huerto evaluado el suelo aún se mantiene en una condición favorable, sin saturación y con una humedad que estima entre 60% y 70% de capacidad de campo, lo que incluso permitiría aplicar un nuevo riego si el productor dispone del recurso.

“Si me preguntan si hoy día volvería a regar, teniendo el recurso hídrico, perfectamente se le pueden meter unos 20 milímetros más, porque la idea es llegar a prefloración o antes de floración a capacidad de campo, cosa de pasar todo el período de floración sin regar”, señala.

El objetivo, agrega, es asegurar un suelo con agua, temperatura y oxígeno en una etapa donde el consumo hídrico todavía es bajo por la escasa evapotranspiración, pero en la que el árbol necesita sostener flores bien hidratadas para no comprometer la viabilidad del proceso reproductivo. “Tenemos un árbol y flores hidratadas, no deshidratadas. Si las flores se deshidratan rápidamente, la viabilidad o la oportunidad de polinizar es menor”, advierte.

Para Rivadeneira, el riesgo de no regar a tiempo no se limita al déficit hídrico del árbol. También puede traducirse en una degradación física del suelo, con perfiles más duros, pérdida de estructura y raíces expuestas a deshidratación. “Campos que no se han regado nos encontramos con calicatas y con suelos compactados. O sea, aparte de perder capacidad de campo, las raíces se deshidratan y los suelos se compactan. Los suelos se mantienen descompactados con humedad”, sostiene.

En contraste, en el huerto evaluado por Trinuts la condición del suelo permitía observar una estructura todavía estable, sin señales severas de compactación, pese a tratarse de un perfil que no necesariamente es fácil desde el punto de vista físico. “Acá, por ejemplo, vemos con la picota cómo se desmorona el suelo y no está compactado. Este no es un suelo fácil, pero no se ha compactado”, comenta.

De ahí su llamado directo a los productores que sí tienen acceso al agua y pueden intervenir sus huertos antes del inicio de floración. “Tenemos la última oportunidad de este mes, antes de floración, para dejar nuestro campo a capacidad de campo”, enfatiza.

El riesgo de partir floración con los suelos secos

La advertencia de Rivadeneira se suma a la preocupación que viene levantando José Pablo Correa, asesor de frutos secos de Trinuts, quien advierte que julio sigue sin entregar el agua que el almendro necesita antes de entrar en una de sus etapas más sensibles.

José Pablo Correa

“Supuestamente se esperaba que julio fuera lluvioso, o que al menos la lluvia llegara dentro de julio, pero hoy ya tenemos pronósticos para los próximos 15 días en los que no cabe más de un evento cercano a 20 milímetros. Eso significa que el almendro podría enfrentar el inicio de floración con los suelos completamente secos”, plantea.

La advertencia no es menor. Si el mes avanza sin una recarga importante de los perfiles, el cultivo podría iniciar floración con una condición hídrica muy ajustada, obligando a depender tempranamente del riego en un contexto donde el agua disponible ya asoma como una de las principales restricciones de la temporada.

Correa insiste en que, si no llueve de forma relevante durante julio, el cultivo entrará a floración con un respaldo hídrico muy precario. “Si julio no se compone, vamos a partir con los suelos completamente secos en una etapa muy delicada para el almendro. Y si las lluvias se corren hacia agosto, tampoco es necesariamente una buena noticia, porque nos podrían caer cuando estemos en plena floración”, advierte.

Ese punto es clave. A diferencia de otros cultivos, en el almendro una lluvia tardía no siempre es sinónimo de alivio. Si bien puede aportar algo de humedad o ayudar parcialmente a la disponibilidad de agua, también puede coincidir con etapas sensibles como floración, polinización o cuaja, generando un nuevo foco de incertidumbre productiva.

Un invierno que prometía más lluvia, pero sigue al debe

Desde la cuenca del Río Claro, en Rengo, el diagnóstico es igual de inquietante. Carlos Ortiz, vicepresidente de la Junta de Vigilancia del Río Claro y administrador del campo Lo de Bravo, sostiene que el invierno ha estado muy lejos de las proyecciones que se instalaron hace algunos meses.

Carlos Ortiz

“Se había anunciado con bastante fuerza que íbamos a tener un año lluvioso por efecto de El Niño, pero nada de eso se ha dado. Muy por el contrario, la condición ha sido bajísima. A la fecha apenas hemos tenido poco más de 20 milímetros acumulados y venimos de meses extremadamente secos”, advierte.

Ortiz explica que la cuenca del Río Claro es particularmente vulnerable, porque se trata de una cuenca pequeña, de baja acumulación nival y con una fuerte dependencia de precipitaciones oportunas para sostener la temporada. “Esta es una situación prácticamente de sequía extrema para un área donde se mantienen cultivos permanentes como frutales, entre ellos almendros, además de nogales, hortalizas y otros sistemas productivos que hoy están muy complicados”, señala.

A su juicio, incluso si en agosto o septiembre se registran algunas precipitaciones, el efecto sería limitado frente al déficit acumulado y, en ciertos casos, incluso podría transformarse en un problema adicional si coincide con etapas sensibles de los frutales. “Algo de lluvia en agosto o septiembre puede mitigar un poco la situación, pero no va a solucionar el problema. A esa altura los suelos no recuperan de la misma forma y, además, para algunos frutales puede ser incluso inconveniente por coincidir con floración, polinización o cuaja”, afirma.

Meteorología: la lluvia podría llegar, pero tarde para el cultivo

Desde la meteorología, el panorama tampoco permite hablar de una recuperación inmediata. Gianfranco Marcone, meteorólogo y magíster en Cambio Climático, sostiene que julio podría mostrar una reactivación paulatina de las precipitaciones, pero advierte que eso no cambia el hecho de que el año arrastra una deuda hídrica muy grande.

Gianfranco Marcone

“Los pronósticos muestran que julio debería comenzar a reactivar las precipitaciones, con algunos eventos débiles y quizás un escenario algo más favorable hacia la segunda quincena. Pero el problema es que la deuda que arrastramos es muy grande, porque en los primeros seis meses del año prácticamente no cayó nada”, explica.

Marcone reconoce que existe una probabilidad alta de que los meses más lluviosos terminen siendo agosto y septiembre, cuando el fenómeno de El Niño ya esté más consolidado. Pero esa misma posibilidad abre una alerta para la agricultura: que la recuperación de las lluvias llegue tarde respecto de las necesidades del cultivo.

“Probablemente, si miramos solo el bloque de invierno, podríamos terminar cerca de lo normal entre julio y septiembre. Pero si miramos el año completo, es muy posible que siga cerrando bajo lo normal, porque el primer semestre fue muy deficitario”, indica.

En otras palabras, aunque el invierno logre activarse más adelante, gran parte de esa agua tendría primero que ir a cubrir el déficit acumulado antes que a generar una recuperación real de reservas o una mejora efectiva en la condición de los huertos.

Agua para sostener la temporada: una preocupación inmediata

La preocupación, en todo caso, no termina en el comportamiento del almendro. La falta de precipitaciones de invierno también tensiona desde ya la disponibilidad de agua para riego, sobre todo en zonas donde las reservas son limitadas y el sistema depende de una cadena completa de conducción y distribución.

“Respecto al impacto que esto podría tener, la situación es dramática. Si este escenario se mantiene, estamos frente a una condición extrema, prácticamente de catástrofe para algunos sistemas productivos”, advierte Carlos Ortiz.

A su juicio, si no hay un cambio importante en las próximas semanas, la prioridad será concentrar el recurso en sostener los cultivos permanentes y restringir al máximo aquellos usos que no sean estratégicos. “Las recomendaciones tienen que ser drásticas: en cultivos anuales probablemente habrá que disminuir al máximo la superficie, y en frutales el manejo del riego va a tener que ser extremadamente estricto. Lo primero será concentrar la poca agua disponible en mantener los cultivos permanentes”, sostiene.

En el caso del almendro, José Pablo Correa plantea que la discusión debe instalarse ahora, antes de que el problema se exprese de lleno en los huertos. “Es un tema que hay que poner arriba de la mesa ya. Si no llueve bien en julio, vamos a partir con los suelos secos y con una presión muy fuerte sobre el agua disponible. Por eso es clave que el productor que tenga agua pueda prepararse y que todo el sistema de conducción esté operativo a tiempo”, afirma.

Embalses bajos, poca nieve y escasa capacidad de regulación

El panorama de reservas tampoco entrega señales alentadoras. Según Carlos Ortiz, la situación en la cuenca del Río Claro sigue siendo crítica tanto por la falta de precipitaciones como por la escasa acumulación nival en la cordillera.

“Las reservas son pocas o nulas. El embalse que depende de esta cuenca está apenas en torno al 20% o 23% de su capacidad, y además no tenemos nieve suficiente como para pensar en una recarga importante más adelante”, explica.

El dirigente enfatiza que en cuencas pequeñas como esta no existen grandes márgenes de maniobra. “Estos embalses son reguladores, no solucionan por sí solos una temporada. Si no hay alimentación por lluvias y nieve, el panorama se complica muchísimo”, advierte.

La mirada de Marcone refuerza esa idea desde el análisis climático: incluso si el invierno mejora en la segunda parte de la temporada, eso no implica necesariamente una recuperación estructural del sistema. Gran parte de esa eventual agua, más bien, tendría que destinarse a compensar la enorme brecha acumulada desde comienzos de año.

Canales limpios y sistemas listos: la urgencia de anticiparse

Si el agua será poca, cada metro cúbico cuenta. Y por eso, tanto desde Trinuts como desde la Junta de Vigilancia, el foco también está puesto en la infraestructura de distribución y en la preparación del sistema antes de que el riego se vuelva indispensable.

“Hoy más que nunca se hace indispensable tener los canales, marcos partidores y compuertas absolutamente limpios y en buenas condiciones para trasladar la poca agua que hay con la menor pérdida posible”, plantea Carlos Ortiz.

La advertencia apunta a un problema tan básico como decisivo: en un año seco, las pérdidas por sedimentos, malezas, basura, filtraciones o mala operación de compuertas pueden transformarse en un costo directo para el agricultor.

José Pablo Correa refuerza ese mensaje y lo lleva a una dimensión práctica para el sector agrícola. “Es clave hacer un llamado a las asociaciones de canalistas para que la mantención y limpieza anual de canales se haga lo más rápido posible, y así poder entregar el agua lo antes posible a los agricultores. Si el invierno sigue seco, esa preparación puede marcar una diferencia muy importante”, sostiene.

Un año que obliga a actuar antes de que llegue la floración

Más allá de si julio logra mejorar parcialmente los registros, el diagnóstico común entre asesores, regantes y meteorólogos es que la temporada ya obliga a actuar con anticipación. La agricultura de la zona central enfrenta un escenario donde no basta con esperar que llueva: también hay que prepararse para administrar mejor un recurso que seguirá siendo escaso.

En el caso del almendro, eso significa revisar desde ahora la condición de los suelos, la estrategia de riego, la disponibilidad real de agua, la operación de canales y la priorización de sectores dentro del huerto. También implica asumir que, en algunos casos, la discusión no será cómo sostener el máximo potencial productivo, sino cómo resguardar la condición del árbol y atravesar la temporada con el menor daño posible.

La señal que deja hoy el reportaje es clara: si julio no entrega lluvias relevantes, el almendro podría entrar a floración con un respaldo hídrico muy precario. Y en ese escenario, la preparación previa —desde la carga del perfil hasta la disponibilidad de agua y la operación del sistema de riego— pasará a ser una de las pocas herramientas concretas para amortiguar el impacto de una temporada que, por ahora, sigue escribiéndose con más incertidumbre que agua.

Compartir en redes sociales

Noticias Relacionadas

Noticias Relacionadas

42542ae7-3465-4bf8-ade3-4807b5af7963
Seminario PlanetNuts Day de Almendros: Participa de este imperdible evento sobre el manejo integral del almendro
IMG_1404
El presidente de Viveros de Chile nos comenta las principales problemáticas del gremio nacional
DSC00977
Chile será el epicentro de los bioinsumos en un mercado cada vez más consolidado
ai-generated-8481992_1280
Fedefruta invita a participar en encuesta para evaluar el impacto de los incendios en los productores de frutas
sunrise-g64a732ea7_1280
Anuncian Fondo Especial Nacional para la reconstrucción de infraestructura de riego y reactivación económica por $9 mil millones