
La etapa posterior a la cosecha es estratégica para definir el desempeño productivo de la temporada siguiente en los huertos de frutos secos. Así lo señala Rodrigo Rivadeneira, asesor de frutos secos de Trinuts y director de PlanetNuts, quien enfatiza que una correcta evaluación nutricional permite anticiparse y tomar decisiones técnicas con impacto directo en la cuaja y el potencial productivo.
El análisis foliar es uno de los principales recursos técnicos en esta etapa y su rutina de muestreo se realiza, según la recomendación del asesor entre el 15 y el 20 de enero. Para obtener resultados confiables, es clave seleccionar árboles representativos dentro del huerto, evitando sectores extremos o poco homogéneos.
En el caso de especies de hoja caduca, la recomendación es muestrear al menos 30 árboles, recolectando un total de 120 hojas, las que deben enviarse al laboratorio para su análisis.
Además del programa o pack rutinario de análisis —que idealmente incluya cloruros, entre otros parámetros—, es fundamental definir junto a los asesores el tipo de análisis a realizar, ya que este puede variar según la especie, la zona productiva y los objetivos del huerto.
Una vez obtenidos los resultados, estos deben ordenarse y tabularse, comparándolos con análisis de temporadas anteriores. Este seguimiento histórico permite identificar tendencias, detectar desbalances nutricionales y respaldar la toma de decisiones con información objetiva.
Con base en los resultados del análisis foliar, se define la estrategia de nutrición de postcosecha, también conocida como nutrición de reserva. Según explica Rivadeneira, una nutrición balanceada en esta etapa es determinante, ya que gatilla el comportamiento de la próxima temporada desde su inicio, influyendo directamente en la brotación y en la cuaja inicial.
Lograr una buena cuaja temprana es clave para asegurar el potencial productivo del huerto, por lo que esta etapa no debe ser subestimada dentro del manejo nutricional.
Más adelante, el análisis nutricional puede complementarse con análisis de suelo y de raíces, lo que permite avanzar hacia una mirada más integral del sistema productivo.
De esta forma, el manejo nutricional deja de ser una práctica aislada y se transforma en un eje estratégico de planificación y desarrollo para la industria de los frutos secos.