
Tras una reciente gira técnica por los principales valles productores de almendras de California, el asesor en frutos secos de Trinuts y socio director de Vitrofarm, Nicolás Manterola Swett, compartió una serie de observaciones sobre las tendencias que hoy están marcando el desarrollo de la industria estadounidense y que podrían anticipar desafíos y oportunidades para los productores chilenos.
El recorrido, realizado durante la primera semana de mayo, incluyó visitas a huertos comerciales ubicados entre Yuba City, al norte de Sacramento, y las zonas de Visalia y Fresno, en el Valle de San Joaquín, una de las áreas productoras de almendras más importantes del mundo.

Manejos más simples, pero con foco en la eficiencia
Uno de los aspectos que más llamó la atención del especialista fue la diferencia en los programas nutricionales utilizados en California respecto de los que habitualmente se aplican en Chile.
Según explicó Manterola, los productores californianos basan gran parte de sus estrategias en fuentes nitrogenadas y potásicas aplicadas vía suelo o fertirrigación, complementadas con algunos correctores nutricionales y productos antiestrés a nivel foliar.
«Lo que me sorprendió es que no hacen aplicaciones foliares más detalladas, orientadas a cada estado vegetativo o metabólico de la planta, como sí es práctica habitual en Chile», comentó.
Asimismo, destacó que el uso de microorganismos, bioestimulantes y herramientas orientadas a mejorar la biología del suelo es considerablemente menor que en los huertos chilenos, donde estas tecnologías han ganado protagonismo en los últimos años.

Nicolás Manterola en su gira en California
El vigor como eje de la estrategia productiva
Otro de los aprendizajes obtenidos durante la gira tiene relación con la forma en que los productores estadounidenses construyen sus huertos desde las primeras etapas.
De acuerdo con Manterola, la poda y la formación de los árboles responden a una lógica que privilegia el vigor estructural por sobre la entrada temprana en producción.
«El productor americano no busca acortar los tiempos hacia la producción. Busca construir un árbol con mayor vigor y estructura, apuntando a una producción más sostenida en el tiempo», señaló.
Esta estrategia estaría estrechamente ligada a las características de los suelos y a los marcos de plantación utilizados en California, donde las distancias entre árboles suelen ser mayores y los suelos presentan menores niveles de materia orgánica y fertilidad natural en comparación con muchas zonas productivas de Chile.
Auge de las variedades autofértiles
En materia varietal, Manterola observó una tendencia cada vez más consolidada hacia el uso de variedades autopolinizadas capaces de entregar un mayor vigor vegetativo.
«La variedad Nonpareil autofértil ya no es solo un sueño, se acerca a ser una realidad», afirmó.
En este contexto, destacó la creciente presencia de materiales como Shasta y Yorizane, mientras que en sectores más al sur del valle comienza a ganar terreno Earlybird, una alternativa que está despertando interés entre los productores.
El especialista indicó que la amplia oferta genética disponible en California está permitiendo una rápida evolución de la industria y una mayor capacidad de adaptación frente a los nuevos desafíos productivos.
Nemaguard sigue liderando entre los portainjertos
Respecto de los portainjertos, Manterola explicó que Nemaguard y Viking continúan siendo las opciones predominantes en la mayoría de los huertos comerciales.
Sin embargo, señaló que algunos productores ya están evaluando materiales híbridos clonales desarrollados a partir de programas genéticos específicos, especialmente en zonas donde buscan potenciar el vigor y la adaptación a distintas condiciones de suelo.
Renovación de huertos marca el futuro de la industria
Uno de los datos más relevantes recogidos durante el recorrido tiene relación con la dinámica actual de crecimiento del sector.
Lejos de una expansión acelerada de la superficie plantada, la industria californiana estaría enfocando sus esfuerzos en la renovación de huertos antiguos mediante la incorporación de nuevas variedades más eficientes y productivas.
Según detalló Manterola, actualmente se plantan alrededor de 9.000 acres de almendros al año, pero cerca del 60% de esa superficie corresponde a proyectos de reconversión y reemplazo de plantaciones antiguas.
«Ahí es donde están entrando las nuevas opciones varietales y donde se está jugando el desarrollo futuro de la industria», explicó.
Aprender sin perder las ventajas locales
Para el asesor de Trinuts, las experiencias observadas en California dejan importantes enseñanzas para la realidad chilena, aunque subrayó que ambos países presentan diferencias que deben ser consideradas al momento de adoptar nuevas estrategias.
«En Chile tenemos ventajas reales: suelos más nuevos, mayor diversidad de herramientas agronómicas y una cultura de manejo más detallada y orientada a la fisiología de la planta», sostuvo.
A su juicio, el desafío para la industria nacional será seguir observando las tendencias globales, incorporando aquellas prácticas que aporten valor, pero manteniendo las fortalezas que han permitido a la fruticultura chilena posicionarse como un actor relevante en la producción de frutos secos a nivel internacional.
Las conclusiones de esta gira técnica reflejan una industria californiana que apuesta por la eficiencia, la renovación genética y la construcción de huertos más vigorosos, elementos que podrían influir en el desarrollo futuro de los almendros en Chile.



Variedad Shasta sobre Viking

