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Entrevista | Janet Torres, directora ejecutiva de EMBIO: «La biotecnología necesita conectarse con el mercado: pilotear, validar y vender»

 

 

Los días 22 y 23 de julio, Monticello, en la región de O’Higgins, se convirtió en punto de encuentro entre ciencia, agro e inversión. Ahí se realizó BioAgro Conecta, una iniciativa impulsada por EMBIO (Asociación de Empresas de Biotecnología de Chile) junto al Centro de I+D CER, que reunió a productores, startups biotecnológicas, inversionistas y representantes del Estado en jornadas centradas en llevar la biotecnología «del mercado al campo».

Antes de que se realizara el encuentro, conversamos con Janet Torres, bioquímica, MBA, biotech entrepreneur y directora ejecutiva de EMBIO, para repasar su trayectoria, su mirada sobre el desarrollo biotecnológico en Chile y lo que esperaba de esta primera edición de BioAgro Conecta.

Trayectoria y visión sobre Chile

Antes de hablar de BioAgro Conecta, nos gustaría conocer un poco más tu historia. ¿Cómo fue tu camino desde la bioquímica y la investigación en biología molecular hasta convertirte en emprendedora biotech y hoy liderar EMBIO?

Janet Torres: Mi camino ha sido una evolución bastante natural. Comencé desde la bioquímica y la investigación en biología molecular, donde aprendí a mirar los problemas con rigor científico. Prontamente, entendí que generar conocimiento era solo una parte del desafío: también era necesario lograr que ese conocimiento se transformara en soluciones concretas. Eso me llevó hacia la transferencia tecnológica, la innovación y el desarrollo de negocios basados en ciencia. Más adelante, como cofundadora de una empresa biotech, viví directamente los desafíos de convertir una tecnología en un producto, validarla, financiarla y llevarla al mercado.

Hoy, desde EMBIO, reúno esas distintas experiencias. Mi rol es ayudar a conectar a las empresas biotecnológicas con la academia, el sector público, la industria y los inversionistas, para que más desarrollos científicos puedan crecer, escalar y generar impacto real en Chile.

Trabajaste en centros de investigación y empresas de biotecnología a nivel internacional, incluyendo proyectos de I+D en compañías como uBiome. ¿Qué aprendizajes de esa experiencia internacional aplicas hoy en tu rol al frente de EMBIO y en el ecosistema biotecnológico chileno?

Janet Torres: Mi experiencia internacional me permitió entender muy de cerca cómo se genera conocimiento en la academia y qué se necesita para transformarlo en una solución con potencial de mercado. Aprendí que una buena investigación es el punto de partida, pero para que llegue a convertirse en un negocio debe vincularse tempranamente con necesidades reales, capacidades productivas y posibles usuarios. También confirmé la importancia de validar desde etapas iniciales, no solo la tecnología, sino también su aplicación, su propuesta de valor y su viabilidad regulatoria y comercial. Esto permite avanzar con mayor foco y reducir riesgos.

Hoy aplico esa mirada en EMBIO, promoviendo una colaboración más estrecha entre academia, empresas, sector público e inversionistas. La biotecnología crece cuando el conocimiento circula, se conecta y encuentra las condiciones adecuadas para transformarse en soluciones concretas.

Desde tu mirada, con formación científica y visión de negocio, ¿cómo evalúas el desarrollo de la biotecnología en Chile hoy? ¿Qué tan preparado está el país, y particularmente el sector agrícola, para adoptar estas soluciones?

Janet Torres: Chile tiene capacidades científicas muy valiosas, talento especializado y condiciones especialmente favorables para desarrollar biotecnología. En los últimos años también hemos visto un aumento de emprendimientos y soluciones innovadoras con potencial para impactar sectores productivos a nivel mundial.

El principal desafío está en la adopción. En agricultura, por ejemplo, existe una necesidad creciente de innovar frente al cambio climático, la escasez hídrica, la productividad y el uso más eficiente de insumos. Sin embargo, muchas veces las nuevas tecnologías no encuentran rápidamente espacios para probarse, validarse o integrarse en procesos productivos reales. Por eso, más que preguntarnos si Chile tiene ciencia, debemos preguntarnos cómo logramos que esa ciencia llegue con mayor velocidad a la industria. El país está avanzando, pero todavía necesitamos fortalecer la colaboración, la validación temprana y los mecanismos que reduzcan el riesgo de incorporar nuevas soluciones en nuestras industrias.

¿Cuáles dirías que son las principales brechas que existen entre la ciencia y la industria en Chile, y qué se necesita para cerrarlas?

Janet Torres: Las principales brechas están en la conexión entre los actores, el financiamiento, la regulación y la llegada efectiva de las soluciones al mercado.

En Chile existe buena ciencia y tecnologías con alto potencial, pero muchas veces se desarrollan sin una vinculación temprana con la industria. Eso hace más difícil validar su utilidad, ajustar la solución a una necesidad concreta y avanzar hacia pilotos o primeras ventas.

También existe una brecha de financiamiento importante, especialmente en las etapas de escalamiento, cuando una tecnología ya mostró resultados, pero todavía necesita crecer y escalar. A esto se suma que las rutas regulatorias no son claras ni están diseñadas para acompañar desarrollos innovadores.

Para cerrar estas brechas necesitamos una colaboración más permanente entre academia, empresas, sector público e inversionistas; mejores estímulos e instrumentos para financiar validación y escalamiento; y una regulación más clara, predecible y acorde al riesgo. Esos son precisamente algunos de los ejes que buscamos impulsar desde EMBIO.

BioAgro Conecta: de la conversación a la acción en terreno

¿Cómo y por qué nace BioAgro Conecta, y qué rol cumplen EMBIO y el Centro de I+D CER en esta alianza?

Janet Torres: BioAgro Conecta nace al reconocer una brecha muy concreta: existen soluciones biotecnológicas con gran potencial, pero muchas veces no logran conectarse con los problemas reales del sector agrícola ni acceder a espacios de validación en terreno.

La iniciativa busca acercar ambos mundos y generar oportunidades de colaboración, pilotaje, financiamiento y desarrollo comercial. El objetivo es que esa conexión produzca tracción real: que las empresas biotecnológicas puedan generar ventas y que los productores incorporen tecnologías que mejoren su productividad, sostenibilidad y competitividad.

En esta alianza, CER aporta su conocimiento del sector agrícola, su vínculo con productores y agroindustria, y la comprensión de sus desafíos productivos. EMBIO, por su parte, articula a las empresas biotecnológicas y conecta al ecosistema de innovación, inversión y sector público. Esa complementariedad permite vincular mejor la demanda del agro con la oferta biotecnológica disponible en Chile y convertir esa relación en proyectos concretos.

Mencionas que en el agro, llegar a los productores y lograr que comprendan el impacto de los desarrollos biotech no es trivial. ¿Cómo está diseñado BioAgro Conecta para generar esa confianza entre productores, startups y el Estado?

Janet Torres: BioAgro Conecta está diseñado justamente para reducir la distancia entre quienes desarrollan tecnología y quienes deben usarla. La confianza no se construye solo explicando una solución, sino demostrando que responde a un problema real y que puede generar resultados concretos. Por eso, la iniciativa busca partir desde las necesidades del productor, conectar esas necesidades con soluciones biotecnológicas pertinentes y facilitar espacios de validación, pilotaje y conversación directa entre empresas, productores y actores públicos.

El rol del Estado también es importante, porque puede ayudar a reducir el riesgo inicial, facilitar instrumentos de apoyo y generar condiciones para que estas tecnologías se adopten. La idea es que la colaboración no termine en una reunión, sino que avance hacia pilotos, uso efectivo de tecnología, ventas para las empresas y mejoras reales para los productores.

El encuentro se realizará los días 22 y 23 de julio en Monticello, O’Higgins, con jornadas centradas en «del mercado al campo» y en biotecnología, además de mesas temáticas, pitches y espacios de networking. ¿Qué resultados concretos esperan lograr en estas dos jornadas, y qué significa para ti que O’Higgins se posicione como polo de innovación agroalimentaria?

Janet Torres: En estas dos jornadas esperamos que las conversaciones se traduzcan en resultados concretos: conexiones entre productores y empresas biotecnológicas, oportunidades de pilotaje, acuerdos de colaboración y nuevas relaciones comerciales. Queremos que las mesas, los pitches y los espacios de networking permitan identificar desafíos reales del agro y vincularlos con soluciones que puedan probarse y adoptarse en terreno.

Para mí, que O’Higgins se posicione como polo de innovación agroalimentaria significa que la región pueda construir una comunidad permanente en torno a sus desafíos productivos, reuniendo a empresas, productores, academia y sector público. La idea es que no sea solo un encuentro, sino el inicio de una dinámica sostenida de colaboración, validación y adopción tecnológica. O’Higgins tiene una base agrícola muy relevante y las condiciones para transformarse en un territorio donde la innovación se conecta con necesidades reales, genera nuevos negocios y mejora la competitividad del sector.

Pensando en quienes asistirán —productores, startups, inversionistas y representantes del Estado— ¿qué mensaje les darías sobre la importancia de pilotear y adoptar soluciones biotecnológicas en el agro, y cómo imaginas el futuro de BioAgro Conecta más allá de esta primera edición?

Janet Torres: El mensaje es que pilotear no es un riesgo innecesario, sino una forma concreta de aprender, reducir incertidumbre y avanzar hacia soluciones que respondan a los desafíos reales del agro. La biotecnología puede aportar en productividad, sostenibilidad, uso eficiente de recursos y adaptación al cambio climático, pero ese impacto solo ocurre cuando la industria se abre a probar, validar y adoptar nuevas tecnologías.

Más allá de esta primera edición, imagino a BioAgro Conecta creciendo como una plataforma permanente de vinculación y desarrollo. El objetivo no es repetir eventos, sino lograr que de estas conexiones surjan pilotos, negocios, inversión y colaboración sostenida.

Ojalá que en una próxima edición ya podamos hablar del inicio de un verdadero polo de innovación agrobiotecnológica en O’Higgins: un territorio donde productores, empresas, academia, inversionistas y Estado trabajen de manera coordinada, y donde la industria agrícola reconozca que la innovación y la biotecnología pueden entregar respuestas concretas a muchos de sus desafíos.

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