
El aumento de las lluvias durante el invierno y las proyecciones de una primavera más lluviosa podrían favorecer la dispersión de la bacteria y aumentar la presión de la enfermedad en zonas que tradicionalmente han presentado menores niveles de daño.
La peste negra continúa posicionándose como una de las principales amenazas sanitarias para la producción de nueces en Chile. El escenario cobra especial relevancia de cara a la próxima primavera, considerando las condiciones de mayor humedad y precipitaciones que se proyectan para distintas zonas productoras del país.
Así lo planteó José Pablo Correa, gerente general de PlanetNuts y asesor de Trinuts, en declaraciones recogidas por Diario Financiero, donde advirtió sobre el aumento del riesgo de desarrollo de la enfermedad en sectores que históricamente no han estado expuestos a niveles tan altos de presión.
De acuerdo con Correa, la bacteria responsable de la peste negra permanece de manera permanente tanto en el ambiente como en los tejidos del árbol. Sin embargo, son principalmente las lluvias las que contribuyen a su dispersión, mediante el fenómeno de salpicadura, trasladando el patógeno hacia nuevos tejidos y árboles.
“La zona central no está acostumbrada a tener condiciones favorables para el desarrollo de la bacteria. Frente al clima que nos va a enfrentar esta primavera, existe una probabilidad muy alta de desarrollo de esta enfermedad”, señaló Correa a Diario Financiero.
Mayor riesgo en zonas con menor historial de daño
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es que el avance de la enfermedad podría afectar con mayor fuerza a sectores que hasta ahora no han experimentado niveles significativos de daño.
“Zonas que normalmente no conocían tanto el daño, como la Metropolitana, la de O’Higgins y parte del Maule norte, con una primavera más lluviosa, se van a enfrentar a condiciones de daño mucho más altas”, explicó el gerente general de PlanetNuts.
El escenario es particularmente relevante para los productores de estas regiones, ya que la combinación entre precipitaciones, humedad y temperaturas favorables puede generar condiciones propicias para la infección y dispersión de la bacteria.
Por ello, el comportamiento climático de las próximas semanas será un factor determinante para definir el nivel de presión sanitaria que deberán enfrentar los huertos durante la temporada.
Una enfermedad que puede impactar fuertemente la rentabilidad
El impacto de la peste negra no se limita al ámbito sanitario. Una alta incidencia puede traducirse directamente en una disminución de la producción comercializable y, por consecuencia, en un fuerte deterioro de los resultados económicos del huerto.
Según los antecedentes publicados por Diario Financiero, ChileNut estima que las pérdidas en huertos individuales podrían alcanzar hasta un 50% de la producción, mientras que, a nivel nacional, calcula que la industria podría dejar de cosechar cerca de 11.400 toneladas de nueces.
Correa también puso el foco en la relación entre productividad y rentabilidad. En un escenario donde los costos productivos del nogal se sitúan en torno a US$1,5 por kilo, una disminución relativamente moderada de los rendimientos puede tener un efecto considerable sobre los márgenes del productor.
“Permitir una baja productiva de 30% es perder casi toda la utilidad del negocio”, advirtió.
Prevención y manejo serán claves
Ante este escenario, el llamado para los productores es a no subestimar el riesgo y adoptar oportunamente las medidas de manejo necesarias. La posibilidad de una primavera más lluviosa aumenta la importancia de contar con estrategias preventivas y de monitorear permanentemente las condiciones del huerto.
Para Correa, el principal riesgo está en que los productores se confíen debido a que sus huertos históricamente no han presentado niveles importantes de daño. La llegada de condiciones climáticas más favorables para el desarrollo de la bacteria podría cambiar rápidamente ese escenario.
La alerta, por lo tanto, no se limita a las zonas tradicionalmente asociadas a una mayor incidencia de peste negra. El avance hacia nuevas áreas productivas, particularmente hacia sectores del centro-sur, obliga a los productores a mirar la enfermedad con una perspectiva preventiva y a prepararse antes de que se presenten condiciones favorables para su desarrollo.
La temporada que se aproxima será, en ese sentido, una prueba importante para la capacidad de los huertos de enfrentar una mayor presión de la enfermedad y para las estrategias de manejo que adopte cada productor.
Fuente: Reportaje en Diario Financiero