Lunes 6 de Julio de 2026
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Julio seco, floración en riesgo y agua bajo presión: la alerta que enfrenta el almendro en la zona central

Con pronósticos que anticipan escasas precipitaciones para las próximas semanas, asesores, regantes y meteorólogos advierten un escenario complejo para el almendro. La falta de lluvias en julio amenaza con dejar suelos secos al inicio de floración, tensiona la disponibilidad de agua para riego y obliga a extremar la gestión del recurso en una temporada que ya se perfila desafiante.

La expectativa de un invierno más lluvioso, impulsada por la instalación del fenómeno de El Niño, había abierto una cuota de optimismo en parte importante de la agricultura de la zona central. Sin embargo, al cierre de junio y en el arranque de julio, esa promesa todavía no se traduce en precipitaciones relevantes. Por el contrario, el balance hídrico sigue siendo deficitario y en varias zonas los acumulados del año continúan muy por debajo de lo normal.

Para el almendro, el problema no es solo cuánto llueva, sino cuándo lo haga. Y ahí es donde hoy se concentra la principal preocupación de los asesores. José Pablo Correa, asesor de frutos secos de Trinuts, advierte que el escenario se ha vuelto especialmente delicado porque julio sigue sin entregar el agua que el cultivo necesita antes de entrar en una de sus etapas más sensibles.

“Supuestamente se esperaba que julio fuera lluvioso, o que al menos la lluvia llegara dentro de julio, pero hoy ya tenemos pronósticos para los próximos 15 días en los que no cabe más de un evento cercano a 20 milímetros. Eso significa que el almendro podría enfrentar el inicio de floración con los suelos completamente secos”, plantea.

La advertencia no es menor. Si el mes avanza sin una recarga importante de los perfiles, el cultivo podría iniciar floración con una condición hídrica muy ajustada, obligando a depender tempranamente del riego en un contexto donde el agua disponible ya asoma como una de las principales restricciones de la temporada.

Un invierno que prometía más lluvia, pero que sigue al debe

Desde la cuenca del Río Claro, en Rengo, el diagnóstico es igual de inquietante. Carlos Ortiz, vicepresidente de la Junta de Vigilancia del Río Claro y administrador del campo Lo de Bravo, sostiene que el invierno ha estado muy lejos de las proyecciones que se instalaron hace algunos meses.

“Se había anunciado con bastante fuerza que íbamos a tener un año lluvioso por efecto de El Niño, pero nada de eso se ha dado. Muy por el contrario, la condición ha sido bajísima. A la fecha apenas hemos tenido poco más de 20 milímetros acumulados y venimos de meses extremadamente secos”, advierte.

 

Carlos Ortiz

Ortiz explica que la cuenca del Río Claro es particularmente vulnerable, porque se trata de una cuenca pequeña, de baja acumulación nival y con una fuerte dependencia de precipitaciones oportunas para sostener la temporada. “Esta es una situación prácticamente de sequía extrema para un área donde se mantienen cultivos permanentes como frutales, entre ellos almendros, además de nogales, hortalizas y otros sistemas productivos que hoy están muy complicados”, señala.

Desde la meteorología, el panorama tampoco permite hablar de una recuperación inmediata. Gianfranco Marcone, meteorólogo y magíster en Cambio Climático, sostiene que julio podría mostrar una reactivación paulatina de las precipitaciones, pero advierte que eso no cambia el hecho de que el año arrastra una deuda hídrica muy grande.

“Los pronósticos muestran que julio debería comenzar a reactivar las precipitaciones, con algunos eventos débiles y quizás un escenario algo más favorable hacia la segunda quincena. Pero el problema es que la deuda que arrastramos es muy grande, porque en los primeros seis meses del año prácticamente no cayó nada”, explica.

 

Gianfranco Marcone

 

El riesgo de llegar a floración con los suelos secos

Para Trinuts, la gravedad del escenario está directamente asociada al momento fenológico en que encuentra al almendro. José Pablo Correa insiste en que si no llueve de forma relevante durante julio, el cultivo entrará a floración con un respaldo hídrico muy precario.

“Si julio no se compone, vamos a partir con los suelos completamente secos en una etapa muy delicada para el almendro. Y si las lluvias se corren hacia agosto, tampoco es necesariamente una buena noticia, porque nos podrían caer cuando estemos en plena floración”, advierte.

 

José Pablo Correa

Ese punto es clave. A diferencia de otros cultivos, en el almendro una lluvia tardía no siempre es sinónimo de alivio. Si bien puede aportar algo de humedad o ayudar parcialmente a la disponibilidad de agua, también puede coincidir con etapas sensibles como floración, polinización o cuaja, generando un nuevo foco de incertidumbre productiva.

Carlos Ortiz coincide con ese diagnóstico desde la experiencia de campo y la gestión del recurso. “Algo de lluvia en agosto o septiembre puede mitigar un poco la situación, pero no va a solucionar el problema. A esa altura los suelos no recuperan de la misma forma y, además, para algunos frutales puede ser incluso inconveniente por coincidir con floración, polinización o cuaja”, señala.

Marcone, por su parte, reconoce que existe una probabilidad alta de que los meses más lluviosos terminen siendo agosto y septiembre, cuando el fenómeno de El Niño ya esté más consolidado. Pero esa misma posibilidad abre una alerta para la agricultura: que la recuperación de las lluvias llegue tarde respecto de las necesidades del cultivo.

Agua para sostener la temporada: una preocupación inmediata

La preocupación, en todo caso, no termina en el comportamiento del almendro. La falta de precipitaciones de invierno también tensiona desde ya la disponibilidad de agua para riego, sobre todo en zonas donde las reservas son limitadas y el sistema depende de una cadena completa de conducción y distribución.

“Respecto al impacto que esto podría tener, la situación es dramática. Si este escenario se mantiene, estamos frente a una condición extrema, prácticamente de catástrofe para algunos sistemas productivos”, advierte Carlos Ortiz.

A su juicio, si no hay un cambio importante en las próximas semanas, la prioridad será concentrar el recurso en sostener los cultivos permanentes y restringir al máximo aquellos usos que no sean estratégicos. “Las recomendaciones tienen que ser drásticas: en cultivos anuales probablemente habrá que disminuir al máximo la superficie, y en frutales el manejo del riego va a tener que ser extremadamente estricto. Lo primero será concentrar la poca agua disponible en mantener los cultivos permanentes”, sostiene.

En el caso del almendro, José Pablo Correa plantea que la discusión debe instalarse ahora, antes de que el problema se exprese de lleno en los huertos. “Es un tema que hay que poner arriba de la mesa ya. Si no llueve bien en julio, vamos a partir con los suelos secos y con una presión muy fuerte sobre el agua disponible. Por eso es clave que el productor que tenga agua pueda prepararse y que todo el sistema de conducción esté operativo a tiempo”, afirma.

Embalses bajos, poca nieve y escasa capacidad de regulación

El panorama de reservas tampoco entrega señales demasiado alentadoras. Según Carlos Ortiz, la situación en la cuenca del Río Claro sigue siendo crítica tanto por la falta de precipitaciones como por la escasa acumulación nival en la cordillera.

“Las reservas son pocas o nulas. El embalse que depende de esta cuenca está apenas en torno al 20% o 23% de su capacidad, y además no tenemos nieve suficiente como para pensar en una recarga importante más adelante”, explica.

El dirigente enfatiza que en cuencas pequeñas como esta no existen grandes márgenes de maniobra. “Estos embalses son reguladores, no solucionan por sí solos una temporada. Si no hay alimentación por lluvias y nieve, el panorama se complica muchísimo”, advierte.

La mirada de Marcone refuerza esa idea desde el análisis climático. “Probablemente, si miramos solo el bloque de invierno, podríamos terminar cerca de lo normal entre julio y septiembre. Pero si miramos el año completo, es muy posible que siga cerrando bajo lo normal, porque el primer semestre fue muy deficitario”, indica. En otras palabras, aunque el invierno logre activarse más adelante, gran parte de esa agua tendría primero que ir a cubrir el déficit acumulado antes que a generar una recuperación real de reservas.

Canales limpios y sistemas listos: el llamado urgente antes de que parta el riego

Si el agua será poca, cada metro cúbico cuenta. Y por eso, tanto desde Trinuts como desde la Junta de Vigilancia, el foco también está puesto en la infraestructura de distribución.

“Hoy más que nunca se hace indispensable tener los canales, marcos partidores y compuertas absolutamente limpios y en buenas condiciones para trasladar la poca agua que hay con la menor pérdida posible”, plantea Carlos Ortiz.

La advertencia apunta a un problema tan básico como decisivo: en un año seco, las pérdidas por sedimentos, malezas, basura, filtraciones o mala operación de compuertas pueden transformarse en un costo directo para el agricultor. “Los canales tienen que estar limpios y los marcos repartidores funcionando bien, porque si el agua va a ser poca, no podemos darnos el lujo de perderla en el trayecto”, agrega.

José Pablo Correa refuerza ese mensaje y lo lleva a una dimensión práctica para el sector agrícola. “Es clave hacer un llamado a las asociaciones de canalistas para que la mantención y limpieza anual de canales se haga lo más rápido posible, y así poder entregar el agua lo antes posible a los agricultores. Si el invierno sigue seco, esa preparación puede marcar una diferencia muy importante”, sostiene.

Un año que obliga a anticiparse

Más allá de si julio logra mejorar parcialmente los registros, el diagnóstico común entre asesores, regantes y meteorólogos es que la temporada ya obliga a actuar con anticipación. La agricultura de la zona central enfrenta un escenario donde no basta con esperar que llueva: también hay que prepararse para administrar mejor un recurso que seguirá siendo escaso.

En el caso del almendro, eso significa revisar desde ahora la condición de los suelos, la estrategia de riego, la disponibilidad real de agua, la operación de canales y la priorización de sectores dentro del huerto. También implica asumir que, en algunos casos, la discusión no será cómo sostener el máximo potencial productivo, sino cómo resguardar la condición del árbol y atravesar la temporada con el menor daño posible.

“Esto es algo que hay que poner arriba de la mesa ahora”, insiste José Pablo Correa. “Para el almendro se viene un escenario grave si julio no entrega lluvias suficientes, porque podríamos entrar a floración con los suelos secos y con el agua muy tensionada”.

Carlos Ortiz comparte ese sentido de urgencia. “A estas alturas, el cuadro es muy complejo y en algunos casos casi irreversible si no cambia julio con precipitaciones importantes y una buena condición de nieve”, advierte.

Y desde la meteorología, Gianfranco Marcone resume el trasfondo del problema: “Lo que caiga en julio puede ayudar, pero primero tiene que empezar a pagar la deuda de precipitaciones que arrastramos. Ese es el gran desafío de esta temporada”.

La alerta, en definitiva, no es solo meteorológica. Es productiva, hídrica y de gestión. Y en un año donde el invierno sigue sin responder como se esperaba, el almendro vuelve a recordar que en agricultura no basta con que llueva: también importa que llueva a tiempo.

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